Si no cambia… Cambia tú.

Por Psic. Gabriela Merino

 

 

Pasamos la vida esperando que los demás cambien para que se adapten a nosotros, a nuestras necesidades emocionales, físicas y económicas. Nos enojamos, nos frustramos, exigimos, reclamamos… Y al final ¿qué derecho tenemos de esperar que otra persona amolde su vida y personalidad a nosotros?

 

Y es que no se trata de cambiar a nadie, sino de disfrutar del encuentro, de las concordancias. De aquello que se tiene en común que te hace disfrutar, a lo demás… mientras no te afecte directa y realmente (es decir que dañe de algún modo tu integridad física o moral), no le pongas atención. Cada quien tiene derecho a ser como es.

 

Es cierto, sí que en todas las relaciones existe una negociación. Un acuerdo a veces sin palabras en el que cada parte cede un poquito de sí para complacer a la otra parte, y mantener la relación, porque la verdad es que en los vínculos en los que uno de los dos da y da… y no recibe nada a cambio, se termina cansando.

 

Por eso no se trata de dar y de esperar y exigir ser correspondido de la misma manera. Cuando una persona realmente te quiere en su vida no tendrás que pedirle, porque esa persona hará lo necesario para que continúes siendo parte de su historia.

 

Y si el amor sólo es tuyo, tienes dos opciones: Partir, o cambiar hasta adaptarte a todo lo que  la otra parte espera de ti para hacerle feliz y de paso dejas de sufrir tú. Porque no hay mejor actitud que la del amor, el respeto, la comprensión y la aceptación. Es la mejor manera de acompañar a alguien en este breve instante que es la vida.

 

 

 

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